21 de diciembre de 2016

Jugar a rol o como convencer a tu familia de que no estás en una secta

¡Hola a tod@s!
A falta de reseñas, buenas son las experiencias. Y hoy os traigo mi breve historia en este mundillo, que seguramente coincida parcialmente con la de alguno de vosotr@s. Espero que os guste o que al menos os echéis unas risas.


Mis andanzas roleras comenzaron cuando yo tenía 12 años. El hermano mayor de un amigo mío era para mí un tío raro. Llevaba melenas, camisetas de grupos heavys, tenía estanterías llenas de libros esotéricos y manuales de distinta índole. Y por supuesto lo que más impresión causaba a mi mente pre púber era que en la puerta de la habitación había colgado un poster enorme de Xena la princesa Guerrera (y con enorme quiero decir que ocupaba literalmente toda la puerta). Era un chico bastante singular. Jugaba a una cosa que se llamaba rol y que no se parecía en nada al fútbol; y pese a lo larga y afilada que ha sido siempre la infundada sombra del rol (recordemos algunos casos sonados en los que los medios han demonizado esta forma de ocio), este chico no se parecía en nada a mi imagen mental de Jack el Destripador. La verdad es que habiendo pasado esa primera impresión y los turgentes pechos del poster de la puerta, era una persona muy agradable.

Para mí, ir a casa de mi amigo y su hermano los viernes por la tarde era algo casi secreto. Era como una reunión de una logia, algo prohibido y peligroso ¿o no?
La verdad es que poco tenía que ver con lo que salía en las noticias de gente a la que se le iba la olla o sacrificaba niños o vete tú a saber que hacían. Con él jugábamos a D&D, Pathfinder, Star Wars (era su favorito) y alguna otra cosilla de forma esporádica. Y poca acción tenía eso, porque más tiempo pasaba (y sigo pasando) rellenando la ficha que jugando. Era todo un ejercicio de imaginación, pero de los divertidos además. Lamentablemente, al año de comenzar a jugar, el hermano de David se fue a estudiar fuera.

(Es importante señalar que mi opinión sobre lo que es un tío raro ha cambiado radicalmente. Al lado del tomo uno del Mosca-Tipler, un viejo amigo para muchos; tengo La Llamada de Cthulu, un libro sobre Geomancia, un recopilatorio por los 75 años de Wonder Woman y los ejemplares de mayo a noviembre de la National Geographic. Y en vez de un poster de Xena, tengo un calendario de dudoso registro de Geralt de Rivia. Y para nada soy una tía rara…)


En los años posteriores, fui conociendo gente en diversos eventos de mi ciudad (tipo Salón del Cómic), de edades similares a la mía con los que quedaba de vez en cuando a jugar a D&D 3.5. También fue esa época cuando conocí Mundo de Tinieblas y por ende, Vampiro, La Mascarada. Para mí era todo un descubrimiento. ¿Desde cuándo se podía jugar a rol sin tirar dados hasta para abrir una puerta? ¿Y por qué no era necesario liarse a hachazo limpio con el primer PNJ que se cruzaba contigo? Vampiro trajo una auténtica revolución a mi forma de entender el rol y consiguió que, pese al miedo/vergüenza que me daba, descargara el PDF del manual. Era un acto de rebeldía total. Si en mi casa se enteraban (muy chapados a la antigua) me tomarían por una asesina o una loca o una sectária, y definitvamente yo no era una de esas cosas, tan sólo me sentaba delante de una ficha de papel a interpretar a un personaje de ficción en un mundo de ficción.
Lamentablemente, la gente iba y venía del grupo y por tanto, las reuniones eran un tanto esporádicas. Yo misma terminé abandonando el grupo por culpa de una relación un poco abusiva y el cierre mental de mi grupo de amigos de entonces. Y no sabéis cuánto me arrepiento.

Un par de años más tarde y habiéndome deshecho por el camino de un par de enanos mentales, comencé la universidad y llegué a la asociación de rol y ludoteca de la Universidad de Zaragoza: mi actual asociación, La Cueva de Smaug. Que decir además de que allí conocí gente con cientos de partidas de rodaje, auténticos expertos en la materia, unos cuantos muchos juegos de los que nunca había oído hablar y grandes amigos. Comencé a hacer acopio de manuales propios, dados y demás cachivaches roleros, así como libros de temática muy variada para dar profundidad y trasfondo a mis partidas. Conocí los sistemas genéricos Hitos, Gurps (sí, no había oído hablar de Gurps, no me matéis) o mi querido Fate; así como cosas más informales con Fanhunter y otros manuales menores. Poco a poco me he ido construyendo mi propia biblioteca, con alguna edición rara y algún descatalogado. Sin embargo, al poco de comenzar mis adquisiciones, llegó un día un tanto... singular.

Mi padre llegó a mi estantería en busca de folios y admiró títulos y portadas tales como las de Vampiro: Edad Oscura (el manual de La Factoría, el que da grimilla), mi edición ilustrada del Necronomicón o el que más le gustó sin duda alguna: Cultos Innombrables.

Casi le da un patatús al hombre. Imaginaos la situación. Entrar en el cuarto de tu niña linda y ver un libro sobre unos “pulpos espaciales” que quieren destruir el mundo o algo así y que encima pone “rol” en las páginas. ¡Rol!

Escalofriante.

En resumen, estuve varias horas (literal) explicándole que no me había unido a una logia masónica, que no iba con armas blancas por la calle, que no estaba en una secta apocalíptica, que no atracaba viejas por la calle y que tampoco me sentaba desnuda en medio de un círculo hecho con velas. Sorprendentemente, y pese a mi pronóstico inicial en mi casa entendieron que el rol (o explicado para tontos, sentarse en una mesa con un papel a hacer un ejercicio de interpretación simple) no era peligroso, no hacía que perdieras la cordura y poco se parecía a la imagen que los medios han labrado de esta forma de ocio durante tantos años.

Actualmente, mi madre es la que lee mis campañas y decide si son interesantes o un peñazo, quien debería ser el malo maloso o que derroteros pueden seguir mis no muy avispados jugadores. Estoy metida hasta las rodillas en una brutal campaña de Mago: La Ascensión y sigo apropiándome de todo manual que pasa por mis manos.

Espero que os haya gustado este trocito de mí y que me contéis como empezasteis vosotr@s.


¡Feliz roleo!